top of page

Cómo reconocer un ataque de pánico y qué hacer en ese momento


Un ataque de pánico es una de las experiencias más angustiosas que puede vivir una persona. A menudo aparece de forma brusca, con una sensación intensa de miedo o alarma, y puede hacer pensar que uno está perdiendo el control, que se va a desmayar o incluso que le está ocurriendo algo gravísimo. Aunque la experiencia puede ser muy intensa, los ataques de pánico en sí mismos no suelen ser peligrosos y los síntomas físicos tienden a remitir con el tiempo.

Precisamente por lo impactante que resulta, muchas personas no identifican lo que les está pasando la primera vez. Piensan en un infarto, un colapso o una pérdida total de control. Por eso es importante entender cómo suele manifestarse un ataque de pánico y qué se puede hacer en ese momento para atravesarlo de la forma más segura y útil posible.

Qué es exactamente un ataque de pánico

Un ataque de pánico es un episodio súbito de miedo intenso o alarma muy elevada, acompañado de síntomas físicos y mentales muy llamativos. Puede aparecer en contextos de ansiedad, pero también en momentos en los que la persona no esperaba sentirse así. En algunas personas ocurre de forma aislada; en otras, se repite y termina generando miedo a volver a sufrirlo. Cuando hay ataques recurrentes y además la persona pasa al menos un mes preocupada por tener otro o cambia su conducta para evitarlos, ya conviene valorar un posible trastorno de pánico.

Cómo reconocer un ataque de pánico

No todas las personas lo viven exactamente igual, pero hay síntomas que aparecen con mucha frecuencia: palpitaciones o corazón acelerado, sensación de falta de aire, mareo, temblores, sudoración, náuseas, opresión en el pecho, hormigueo, escalofríos o calor repentino. A nivel mental, es habitual sentir que algo terrible está a punto de pasar, que uno va a perder el control, a volverse loco o a morir.

Una de las cosas que más asustan es la intensidad. Todo sucede muy deprisa. El cuerpo se activa, la mente interpreta esa activación como peligrosa y el miedo se multiplica. Muchas personas describen la experiencia como una “ola” de terror muy intensa que parece imparable. Por lo general, el pico del ataque dura minutos, aunque la sensación de agotamiento o vulnerabilidad puede prolongarse más. El NHS indica que a menudo duran entre 5 y 30 minutos, y el NIMH señala que pueden durar de unos minutos hasta una hora o algo más en algunos casos.

Por qué asusta tanto

El problema no es solo la activación física. Es también la interpretación que hacemos de ella en ese momento. Si noto que el corazón se acelera y pienso “me está dando algo”, el miedo sube. Si además empiezo a hipervigilar mi cuerpo, a intentar escapar desesperadamente o a comprobar si voy a perder el control, la sensación de amenaza aumenta todavía más. En ese sentido, el ataque de pánico funciona como un círculo: síntomas físicos, interpretación catastrófica, más miedo, más síntomas. La terapia psicológica, especialmente la cognitivo-conductual, trabaja precisamente sobre ese círculo.

Qué hacer en ese momento

Lo primero es recordar algo fundamental: aunque la sensación sea muy intensa, va a pasar. En medio del ataque esto cuesta creerlo, pero es importante. No estás obligado a eliminarlo al instante; el objetivo inicial es atravesarlo sin añadir más alarma de la necesaria. El NHS recomienda, si es posible, quedarse donde uno está, respirar lenta y profundamente, recordarse que el ataque pasará y que no es una amenaza vital, y centrar la atención en imágenes o referencias calmantes.

1. Intenta no huir automáticamente

Si estás en un lugar seguro, no siempre ayuda salir corriendo o escapar de forma impulsiva. A corto plazo puede dar alivio, pero a veces refuerza la idea de que la situación era verdaderamente peligrosa y aumenta el miedo de cara al futuro. Si puedes, quédate quieto o siéntate unos minutos, dejando que la ola baje.

2. Lleva la atención a la respiración, pero sin obsesionarte con hacerlo perfecto

Durante el pánico es frecuente respirar muy rápido o superficialmente. Intenta hacer la respiración un poco más lenta. No hace falta hacerlo de forma rígida ni contar de manera exacta si eso te agobia más. Basta con aflojar el ritmo: inspirar despacio y soltar el aire más lentamente, varias veces seguidas. El objetivo no es “controlarlo todo”, sino darle al cuerpo una señal de menor alarma.

3. Nombra lo que está pasando

A algunas personas les ayuda decirse mentalmente algo como: “Esto es un ataque de pánico”, “Es muy desagradable, pero pasará”, “Mi cuerpo está activado, no necesariamente en peligro”. No se trata de repetir frases mágicas, sino de poner una interpretación más realista frente al pensamiento catastrófico del momento. La CBT para pánico trabaja precisamente en aprender que estas sensaciones, aunque intensas, no son peligrosas en sí mismas.

4. Apóyate en algo concreto del entorno

Mirar un objeto, tocar una superficie fría, sentir los pies en el suelo, describir mentalmente lo que ves a tu alrededor o fijarte en sonidos presentes puede ayudarte a salir un poco del bucle interno. Cuando la mente está absorbida por el miedo, recuperar anclajes externos suele ser útil. Esta idea encaja con las recomendaciones de focalizarse en imágenes o referencias calmantes durante el ataque.

5. No luches contra cada síntoma

Intentar comprobar una y otra vez si el corazón va demasiado rápido, si falta el aire o si te vas a desmayar suele aumentar la alarma. Cuanto más vigilamos las sensaciones corporales con miedo, más intensas pueden parecer. A veces ayuda más adoptar una posición distinta: “No me gusta, pero puedo dejar que esté aquí unos minutos mientras baja”. Esta actitud forma parte del trabajo terapéutico para reducir el miedo a las propias sensaciones.

Qué no suele ayudar

No suele ayudar discutir contigo mismo de forma brusca, exigirte que se te pase ya, buscar compulsivamente síntomas en internet en mitad del episodio o pedir una y otra vez confirmación inmediata de que no vas a morir. Tampoco suele ayudar interpretar automáticamente que, porque las sensaciones son intensas, necesariamente está ocurriendo una catástrofe. El problema del pánico no es que “te falte fuerza de voluntad”, sino que el sistema de alarma se ha disparado y la mente lo interpreta como si hubiera un peligro extremo.

Qué hacer después del ataque

Cuando pasa, muchas personas se quedan agotadas, confundidas o con vergüenza. Otras se quedan con miedo a que vuelva a ocurrir. Ese miedo posterior es importante, porque puede hacer que empieces a evitar sitios, situaciones o sensaciones que asocias con el ataque. Y ahí es donde el problema puede crecer. Si después de uno o varios episodios vives pendiente de que se repita, cambias tus rutinas por miedo o empiezas a evitar lugares, conviene pedir ayuda psicológica.

Puede ayudar anotar qué ocurrió antes, durante y después: dónde estabas, qué notaste, qué pensaste, qué hiciste para intentar calmarte. No para obsesionarte con ello, sino para empezar a entender el patrón. Muchas veces el miedo al ataque se vuelve más manejable cuando uno comprende mejor cómo funciona.

Cuándo conviene pedir ayuda profesional

Si los ataques se repiten, si has empezado a vivir con miedo al siguiente, si evitas situaciones por temor a sufrirlo, o si tu vida diaria se está estrechando por esta razón, merece la pena consultar. La terapia psicológica, y en especial la cognitivo-conductual, se considera un tratamiento eficaz de primera línea para los ataques de pánico y el trastorno de pánico.

También conviene consultar si no tienes claro si lo que has vivido encaja con pánico o si hay otros problemas de fondo, como ansiedad generalizada, hipocondría, estrés crónico o experiencias traumáticas que estén alimentando esa respuesta de alarma. Una buena valoración psicológica ayuda a diferenciarlo y a orientar el tratamiento.

Cuándo conviene buscar valoración médica

Aunque los ataques de pánico no suelen ser peligrosos, algunos de sus síntomas pueden parecerse a los de otros problemas físicos. Por eso, si es la primera vez que te ocurre, si tienes dudas razonables sobre una causa médica, o si los síntomas son distintos a los habituales, intensos o preocupantes, es prudente buscar valoración profesional para descartar otras causas. Tanto el NHS como el NIMH señalan la importancia de valorar médicamente los síntomas y descartar otros problemas cuando corresponda.

Una idea final importante

Un ataque de pánico puede hacerte sentir muy vulnerable, pero no significa que estés perdiendo la razón ni que seas incapaz de controlarte para siempre. Significa, más bien, que tu sistema de alarma se ha activado de forma extrema y que ahora conviene entender por qué ocurre y cómo dejar de vivir sometido a ese miedo.

Se puede aprender a reconocerlo, atravesarlo y tratarlo. Y cuanto antes se entienda el mecanismo, menos espacio suele ocupar en la vida.

 
 
 

Comentarios


bottom of page